Me gusta el café porque sabe a melancolía.
Ese café oscuro, amargo, de tardes frías.
Es tan simbólico.
Le pongo dos cucharaditas de azúcar, para hacer mi día más dulce, y mucha leche para quitar del todo la amargura de su sabor y el triste color negro.
Sé que así no es tan "café", pero queda tan suave y es tan agradable.
El café es mi respiro, mi "déjalo estar", así que no quiero un chupito, quiero una taza enorme que me dé para pensar en otra cosa unos minutos.
Bebo café y miro por la ventana imaginando universos imposibles y caminos que se cruzan y se vuelven a alejar.
Me acuerdo de ti, de cuando bebíamos café.
Por aquellos días el café era por la mañana.
Abría los ojos y ahí estabas tú.
Preparábamos café con azúcar y mucha leche en tazas enormes.
Nos gustaba disfrutar de las pequeñas cosas a lo grande.
A veces te llevaba yo el café a la cama, otras veces lo hacías tú.
Entonces me pongo aún más melancólica, suspiro, y pienso "¿por qué nos hacemos esto?"
Me gusta el café porque sabe a melancolía, a ti.
Y cuando termino mi taza siempre queda ese sabor dulce al fondo por el azúcar que no se diluyó.
Ese último recuerdo dulce y después la taza vuelve a estar vacía.
Siempre quiero más café cuando termino, pero no puedo tomar más, sino altero mis nervios.
Ojalá pudiéramos tomar todo el café que quisiéramos, ¿verdad?
Me gusta el café porque no es sólo café, eres tú.
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domingo, 5 de febrero de 2017
lunes, 30 de enero de 2017
Reflexión sobre la locura
Locura, qué palabra tan ambigua, ¿verdad? Para algunos la locura puede ser el hecho de romper los esquemas, de decir "me marcho". Un estar completamente agotado de la vida diaria y pensar "voy a hacer una locura", y lo ves como algo positivo, beneficioso para tu salud mental. Es como una pausa, un punto y aparte, un no pensar en las consecuencias por un momento y lanzarse de cabeza para divertirse un poco y desconectar.
Sin embargo, para esas personas rígidas, estrictas, "capadas", sin ningún tipo de motivación ni fin, la locura es sólo una enfermedad mental, es decir, todo lo contrario. Se pasa de un retiro espiritual a un manicomio. Este tipo de personas son las que cuando ven a alguien haciendo una estupidez que le hace feliz, piensan "¿no le da vergüenza?" o "debería estar centrado haciendo otras cosas más útiles". Pues bien, ¿qué decir sobre los seguidores de la corriente "vive menos, trabaja más"? ¿No se cansan de ser tan pesimistas, arrogantes, cuadriculados, serios y aguafiestas? No debemos dejar que un grupo tan sombrío nos hunda en el fondo del océano. Estas personas insatisfechas, no disfrutan de su vida ni saben hacerlo y, por ello, toman como misión no dejar que el resto disfrute ante su propia incapacidad. Pero, ¿qué pasaría si todo fuéramos como ellos? ¿Y si el ser humano fuera tan extremadamente racional y, por tanto, no hiciera nada por impulso o dejándose llevar por el corazón?
La sociedad necesita pequeños locos. ¿Cómo hemos evolucionado sino? ¿Por qué tenemos luz y agua en nuestras casa? Porque a algún "loco" se le ocurrió que se podía transportar el agua y que necesitaríamos iluminación. ¿Y qué me decís de volar? ¿Quién habría imaginado hace un par de siglos poder surcar por encima de las nubes sin siquiera despeinarse? Fueron ideas de locos, de inconformistas que dijeron "no, yo creo que lo establecido no basta". Probablemente cuando los hermanos Wright dijeron que iban a crear un aparato capaz de volar, muchos no les creyeron, o puede que les dijeran que dejaran de hacer tonterías y que eso no era posible. ¿Y bien?
La locura es para los creativos, para los valientes, los que rompen esquemas. En cuanto a la rigidez mental... para gente mediocre que siente la necesidad de seguir unas normas estrictas y que con la ruptura de la más mínima norma que lleve fuera de la rutina se vea envuelta en el mismísimos caos y el desorden mundial.
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